Enfermedades de la nasofaringe: Сlasificación, causas, diagnóstico, tratamiento
Afanasyeva D.Otorrinolaringólogo, MD
13 min leer·abril 04, 2025
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Las enfermedades nasofaríngeas son un grupo frecuente de patologías, especialmente en niños. Se asocian a una disfunción del tejido linfoide situado en esta zona, y pueden provocar un deterioro importante de la calidad de vida, dificultades respiratorias nasales, trastornos del sueño, pérdida de audición y otras complicaciones. Las más frecuentes son la hipertrofia de adenoides y la adenoiditis, y con menor frecuencia, la hipertrofia de las amígdalas tubáricas. Estas afecciones requieren un diagnóstico a tiempo y un tratamiento integral, que incluya métodos conservadores y quirúrgicos.
Definición de las enfermedades nasofaríngeas
Hipertrofia de adenoides es un crecimiento patológico de la amígdala nasofaríngea, que se observa con mayor frecuencia en la infancia.
Hipertrofia de los rodillos tubáricos es un crecimiento patológico del tejido linfoide de las amígdalas tubáricas ubicadas en el área de la entrada de las trompas de Eustaquio (rodillos tubáricos).
Adenoiditis es la inflamación de la amígdala nasofaríngea.
Clasificación de las enfermedades de la nasofaringe
Hipertrofia de adenoides:
hipertrofia de 1er grado;
hipertrofia de 2er grado;
hipertrofia de tercer grado;
hipertrofia de 4er grado.
Hipertrofia de los rodillos tubáricos.
Inflamación de las adenoides:
adenoiditis aguda;
adenoiditis crónica.
Etiología
La amígdala nasofaríngea (adenoides) generalmente aumenta alrededor de los 3 años de edad. La hipertrofia se observa en niños hasta la pubertad, luego ocurre su involución, y a los 20 años se define como una pequeña estructura. Esta condición es bastante común: alrededor de 35 casos por cada 1000, lo que representa más del 50 % de todas las consultas de niños a otorrinolaringólogos. A veces se detectan adenoides en niños más jóvenes y pueden persistir en la adultez. Las amígdalas tubáricas también pueden agrandarse en niños en edad preescolar, sin embargo, esto ocurre bastante raramente.
Las causas de hipertrofia de adenoides y amígdalas tubáricas son idénticas, ya que ambas están compuestas por tejido linfoide y están ubicadas en la nasofaringe. El factor más común es la infección: bacterias, virus y hongos inducen estimulación antigénica, pero el tejido linfoide inmaduro no produce suficientes anticuerpos, lo que conduce a la hipertrofia compensatoria. Posteriormente, después de la formación de la inmunidad, se produce la reducción del tamaño del tejido.
Además, al aumento de adenoides y amígdalas tubáricas contribuyen alérgenos domésticos y alimentarios, así como la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), que causa irritación de los tejidos nasofaríngeos por vapores de ácido clorhídrico. Según investigaciones, el tamaño de la amígdala nasofaríngea también se ve afectado por el tabaquismo de los padres y la predisposición hereditaria.
Los virus y las bacterias juegan un papel destacado en el desarrollo de la adenoiditis. Los patógenos más comunes:
virus respiratorio sincitial;
adenovirus;
virus de la gripe y parainfluenza;
virus del herpes (incluido el virus de Epstein-Barr);
estreptococos (St. pneumoniae, St. pyogenes);
estafilococos (S. aureus, S. epidermidis);
Pseudomonas aeruginosa;
Moraxella catarrhalis;
activación de la microbiota oportunista de la nasofaringe.
Enfermedades concomitantes pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad y empeorar su curso, como enfermedades recurrentes o crónicas de las vías respiratorias superiores (rinitis, sinusitis, bronquitis), ERGE, alergias. La presencia de trastornos hormonales o inmunitarios (diabetes mellitus, patología tiroidea, infección por VIH) también influye negativamente en el desarrollo de la enfermedad. La falta de lactancia materna en el historial y la deficiencia de vitamina D también agravan y prolongan el curso de la adenoiditis.
No debemos olvidar el estado del entorno: el aire seco, un régimen de temperatura inadecuado, espacios desordenados, trabajar en industrias nocivas tiene un impacto negativo en el estado de las vías respiratorias superiores y exacerban la manifestación de la enfermedad.
Anatomía
Los adenoides están ubicados en la bóveda superior de la nasofaringe. Se clasifican en grados según el tamaño y la protrusión en el lumen de la nasofaringe:
adenoides de primer grado — situados en la parte superior de la nasofaringe y cubren ⅓ del vómer;
adenoides de segundo grado ocupan ½ de la nasofaringe y cubren ½ del vómer;
adenoides de tercer grado obstruyen ⅔ de la nasofaringe, dejando poco espacio para respirar;
adenoides de cuarto grado bloquean completamente el lumen de la nasofaringe, descienden hacia la orofaringe y cubren el vómer.
La amígdala nasofaríngea es una sustancia elástica, irregular y de color rosa con un grosor de aproximadamente 5-7 mm y un diámetro de 20-25 mm, con surcos longitudinales de diferentes tamaños.
Las amígdalas tubáricas son pequeñas áreas de tejido linfoide (hasta 7 mm), ubicadas cranealmente en la región de los orificios de las trompas de Eustaquio. Si se hipertrofian, los orificios se bloquean y la salida de la trompa de Eustaquio se obstruye.
En la inflamación de la amígdala nasofaríngea, su función de barrera se ve alterada, los cilios del epitelio se destruyen, las vegetaciones adenoideas se hiperemian e infiltran, y se cubren de una capa fibrinosa. En los surcos, se encuentra una gran cantidad de contenido seroso o mucopurulento. Se observa flujo de moco por la pared posterior de la faringe. Los folículos linfoides se agrandan, se determina hiperemia de los arcos palatinos posteriores y la pared lateral de la faringe. La adenoiditis se clasifica según el tipo de secreción en catarral, exudativa-serosa y mucopurulenta.
Las adenoides hipertrofiadas se caracterizan por un cuadro clínico variado. Las quejas más comunes de los padres son la dificultad constante en la respiración nasal, ronquidos, respiración ruidosa. En los niños pequeños, debido a la dificultad en la respiración nasal, se complica la alimentación. Con un grado pronunciado de hipertrofia se desarrolla la nasalidad. Debido a los trastornos respiratorios, los niños duermen peor por la noche, se despiertan con frecuencia, algunos presentan síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS), en el que se producen pausas respiratorias de hasta 1 minuto. Todo esto conduce a un aumento de la fatiga, disminución del rendimiento.
También existe el concepto de habitus adenoideus — tipo de cara adenoide. Estos niños presentan puente nasal aplanado, boca entreabierta, mordida defectuosa (prognatismo mandibular), incisivos superiores prominentes, paladar gótico, leve exoftalmos y forma alargada de la cara.
Las amígdalas tubáricas hipertrofiadas por sí solas no causan manifestaciones clínicas. Su impacto en las vías respiratorias es indirecto a través del bloqueo de la trompa de Eustaquio.
Las adenoides hipertrofiadas, al igual que las amígdalas tubáricas, obstruyen los orificios de las trompas de Eustaquio y provocan otitis tubáricas, otitis aguda recurrente o otitis exudativa subaguda. En algunos casos, se desarrolla una pérdida auditiva de tipo conductivo, que a veces es la única queja.
Localización de las adenoides en relación con la boca de la trompa auditiva – modelo 3D
Clínicamente, la adenoiditis se divide en aguda (hasta 7–10 días), subaguda (de 10 días a 1 mes) y crónica (más de 1 mes). Sin embargo, en la práctica esta división es convencional. Debido a que en la adenoiditis se produce un edema del tejido linfoide, el cuadro clínico es similar al de la hipertrofia de adenoides. Además de las quejas anteriores, es característico el flujo mucoso o purulento de la nariz, escurrimiento de moco por la pared posterior de la faringe, acompañado de tos. El deterioro del estado se observa durante la noche.
La adenoiditis aguda se caracteriza por fiebre alta, intoxicación general, dolor en lo profundo de la nariz y en la cabeza irradiando a los ojos y oídos. Los ganglios linfáticos regionales están agrandados, se nota su dolor.
En la adenoiditis crónica se observan fiebre baja, tos nocturna sofocante, patología concomitante del oído medio, acompañada de pérdida auditiva de tipo conductivo.
Diagnóstico
Inicialmente, recogen quejas, aclaran la anamnesis y realizan una otorrinolaringoscopia. Para determinar el grado de obstrucción de la nasofaringe y examinar la entrada de las trompas auditivas se realiza una rinoscopia posterior y una endoscopia de la nasofaringe. El examen digital se realiza muy raramente. También se realiza una radiografía de la nasofaringe en proyección lateral para determinar el grado de hipertrofia de las vegetaciones adenoides. En la inflamación de la amígdala nasofaríngea se realiza un estudio microbiológico de la microbiota y sensibilidad a antibióticos.
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Tratamiento
Inicialmente, los niños con amígdalas nasofaríngeas o tubulares hipertrofiadas reciben terapia conservadora. Se prescriben glucocorticosteroides intranasales (furoato de mometasona) durante al menos 1 mes, con evaluación posterior en dinámica. Si los resultados son buenos, se recomienda su uso posterior según el esquema.
En ausencia de efecto y en presencia de complicaciones (síndrome de apnea obstructiva del sueño, hipoacusia u otitis media crónica), se recomienda el tratamiento quirúrgico. Bajo anestesia local o general, se realiza una adenotomía en la que se extirpa el tejido linfoide hipertrófico con un adenotomo de Beckmann.
El tejido linfoide hipertrófico de la amígdala nasofaríngea en adultos es objeto de extirpación quirúrgica obligatoria con examen fisiopatológico posterior.
Las amígdalas tubáricas sólo se tratan de forma conservadora, también con glucocorticosteroides tópicos. No se realiza su extirpación quirúrgica, ya que en la mayoría de los casos provoca la cicatrización de la abertura de las trompas de Eustaquio. En caso de obstrucción grave de las trompas de Eustaquio y presencia de exudado en la cavidad del oído medio, acompañada de pérdida de audición, se realiza una dilatación con balón.
Para el tratamiento de las amígdalas nasofaríngeas inflamadas, se utilizan fármacos antibacterianos en forma de aerosoles tópicos o por vía sistémica, teniendo en cuenta la sensibilidad. Además de la terapia etiotrópica, se recomienda el saneamiento regular de la cavidad nasal y la nasofaringe de contenidos patológicos con solución fisiológica o soluciones de agua de mar. Para aliviar el edema, se utilizan aerosoles vasoconstrictores. Es necesario llevar a cabo medidas tónicas generales. En caso de adenoiditis recurrente o complicaciones del oído medio, debe considerarse el tratamiento quirúrgico.
FAQ
1. ¿Qué son las adenoides y dónde están ubicadas?
Las adenoides (amígdala nasofaríngea) son una acumulación de tejido linfoide en la nasofaringe. Forman parte del sistema inmunitario y ayudan a proteger el organismo de las infecciones, pero su crecimiento patológico puede causar problemas respiratorios y auditivos.
2. ¿A qué edad es más común la hipertrofia de adenoides?
Normalmente, las adenoides aumentan en niños de 3-7 años, y después de los 10-12 años comienzan a reducirse (involución). Sin embargo, en algunas personas, permanecen en la edad adulta.
3. ¿Qué síntomas indican adenoides aumentadas?
Los signos principales incluyen: • congestión nasal constante, respiración por la boca; • ronquidos y sueño inquieto; • voz nasal; • otitis frecuentes y pérdida auditiva; • cara adenoidea (en casos prolongados).
4. ¿En qué se diferencia la hipertrofia de adenoides del adenoiditis?
La hipertrofia es el crecimiento del tejido sin inflamación. El adenoiditis es la inflamación de las adenoides, a menudo acompañada de secreciones purulentas, fiebre e intoxicación.
5. ¿Siempre es necesario extirpar las adenoides?
No, no siempre. Primero se aplica un tratamiento conservador (gotas, lavados, fisioterapia). La cirugía (adenotomía) es necesaria en la 3ª o 4ª grado de hipertrofia con dificultad respiratoria, otitis frecuentes y pérdida auditiva, apnea del sueño (interrupción de la respiración durante el sueño).
6. ¿Pueden volver a crecer las adenoides después de la extirpación?
Sí, en el 5–10 % de los casos es posible una recurrencia, especialmente en niños menores de 3–4 años.
7. ¿Qué enfermedades crónicas de la nasofaringe pueden desarrollarse debido a las adenoides?
La presencia prolongada de adenoides hipertrofiadas o adenoiditis frecuentes pueden desarrollar: • adenoiditis crónica (inflamación constante de la amígdala nasofaríngea); • rinosinusitis crónica (inflamación de los senos nasales); • tubo-otitis crónica (inflamación de la trompa auditiva); • faringitis crónica (inflamación de la faringe).
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