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Período de incubación

También conocido como: Período latente de la infección

El período de incubación (del lat. incubo — empollar, reposar) es un intervalo de tiempo determinado desde el momento de la penetración inicial de un microorganismo patógeno en el cuerpo humano hasta la aparición de los primeros síntomas clínicos de la enfermedad.

Etiología y fisiopatología

Durante el período de incubación, la persona se siente subjetivamente sana; sin embargo, a nivel celular ya se está desarrollando un proceso patológico de gran magnitud. Durante este tiempo, el agente patógeno supera las barreras físicas (la piel, las membranas mucosas y el medio ácido del jugo gástrico) y encuentra células diana específicas.

Tras penetrar en los tejidos, el virus o la bacteria comienza a multiplicarse activamente (replicarse). Los síntomas clínicos están ausentes porque la concentración del patógeno o de las toxinas que este libera aún no ha alcanzado el umbral crítico (la dosis infecciosa) necesario para causar un daño celular masivo o desencadenar una respuesta inflamatoria sistémica.

La duración de esta etapa es específica de cada infección:

  • desde varias horas — en la toxiinfección alimentaria;
  • hasta varias semanas — en la varicela o la hepatitis B;
  • hasta varios años — en las enfermedades priónicas.

Importancia clínica

La duración del período de incubación es un indicador fundamental en epidemiología. Precisamente sobre esta base se calculan los períodos de cuarentena y de vigilancia médica de las personas de contacto.

Desde el punto de vista clínico, el período latente constituye una «ventana de oportunidad» ideal para la profilaxis de urgencia.

Por ejemplo, si una persona ha estado en contacto con un paciente con varicela o ha sido mordida por un animal con rabia, la administración inmediata de una vacuna y/o una inmunoglobulina específica durante el período de incubación ayuda al sistema inmunitario a eliminar el virus antes de que cause la enfermedad.

Un peligro epidemiológico particular radica en que, en muchas enfermedades respiratorias, el paciente alcanza un alto grado de contagiosidad (capacidad de transmisión) ya durante los últimos días del período de incubación y elimina el virus a través de la saliva sin saber aún que padece la enfermedad.

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