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Viremia

También conocido como: Fase virémica

La viremia (del lat. virus, veneno, y del gr. haima, sangre) es un estado patológico caracterizado por la presencia de partículas víricas viables (viriones) en el torrente sanguíneo sistémico. Esta es una etapa clave en la patogenia de la mayoría de las infecciones víricas sistémicas, que permite la generalización del proceso.

Etiología y fisiopatología

La viremia puede ser primaria o secundaria.

La viremia primaria se produce cuando el virus, tras replicarse en la puerta de entrada (por ejemplo, en la mucosa nasal o intestinal), supera las barreras inmunitarias locales y pasa por primera vez a los vasos linfáticos y, posteriormente, a la sangre. Esta fase suele ser breve y asintomática.

Al circular por la sangre, los virus alcanzan rápidamente sus órganos diana (hígado, bazo y sistema nervioso), penetran en ellos e inician un proceso de replicación masiva.

Cuando cientos de miles de nuevos viriones salen simultáneamente de las células destruidas de estos órganos y regresan al torrente sanguíneo, se desarrolla una viremia secundaria.

Este impacto es el que desencadena la respuesta inflamatoria sistémica: el sistema inmunitario responde mediante la liberación de citocinas, lo que provoca fiebre, escalofríos e intoxicación grave.

Importancia clínica

La fase de viremia se correlaciona directamente con la intensidad de las manifestaciones clínicas y con el período de máxima contagiosidad (capacidad de contagio) del paciente.

En las mujeres embarazadas, una carga vírica elevada en la sangre es una condición necesaria para que el agente patógeno pueda atravesar la barrera placentaria e infectar al feto (infección intrauterina).

En la práctica médica, esta etapa presenta los siguientes aspectos:

  • en el diagnóstico de laboratorio, la detección de ADN o ARN vírico en el plasma sanguíneo (mediante PCR) constituye una prueba de la fase aguda y activa de la enfermedad;
  • desde el punto de vista farmacológico, los antivíricos sistémicos (por ejemplo, los dirigidos contra el virus de la gripe) alcanzan su máxima eficacia precisamente durante la fase de viremia, ya que bloquean la replicación del virus, reducen su concentración en la sangre y evitan que siga penetrando en las células sanas.
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