También conocido como: Parálisis del nervio facial, Neuropatía del nervio facial, Parálisis de Bell
La paresia del nervio facial se refiere a la debilidad de los músculos faciales de un lado de la cara (una pérdida parcial de movimiento), mientras que la parálisis significa una ausencia completa de movimiento. Esta condición se desarrolla cuando el nervio facial (VII par craneal) está dañado o su función se ve afectada.
La forma más común es la neuropatía idiopática, conocida como parálisis de Bell. Se desarrolla repentinamente, generalmente sin una causa evidente. Este tipo de parálisis es periférica, lo que significa que el propio nervio se ve afectado después de salir del tronco encefálico.
Las causas de la paresia del nervio facial generalmente se clasifican como primarias (idiopáticas) o secundarias.
Los síntomas generalmente aparecen de repente y progresan en pocas horas. La asimetría facial pronto se hace evidente: el pliegue nasolabial se aplana, la comisura de la boca cae y el paciente no puede arrugar la frente, levantar la ceja, cerrar completamente el ojo (lagoftalmos) o inflar la mejilla. Además pueden aparecer alteraciones del gusto y aumento de la sensibilidad al ruido (hiperacusia).
El diagnóstico se basa principalmente en el examen clínico. Se debe prestar especial atención a la exclusión de causas secundarias, especialmente el accidente cerebrovascular. El tratamiento de la parálisis de Bell es más eficaz cuando se inicia dentro de las primeras 72 horas y generalmente incluye corticosteroides para reducir la inflamación de los nervios. La protección y lubricación de los ojos son esenciales para prevenir daños en la córnea.
Es importante distinguir entre la parálisis facial periférica, como la parálisis de Bell, y la parálisis facial central, que puede ser resultado de un accidente cerebrovascular. En la parálisis periférica, se ve afectado todo el lado de la cara, incluidos los músculos de la frente. Por el contrario, la parálisis central preserva parcialmente el movimiento de la frente debido a la inervación cortical bilateral, lo que permite que el paciente aún pueda arrugar la frente.
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