Las adherencias pélvicas son una formación patológica de bandas fibrosas de tejido conectivo (bridas, películas) entre el peritoneo visceral de los órganos pélvicos (útero, trompas, ovarios, vejiga, intestinos) y el peritoneo parietal.
El proceso conduce a una alteración de la movilidad anatómica de los órganos y a una distorsión de su topografía.
La formación de adherencias es una reacción defensiva universal del peritoneo ante una lesión. En casos de inflamación (tuberculosis, clamidia), isquemia, trauma mecánico (cirugía) o endometriosis, los mesoteliocitos secretan un exudado inflamatorio rico en fibrinógeno. Bajo la acción de la trombina, este se convierte en fibrina, la cual «pega» las superficies, localizando el foco.
En condiciones normales, la fibrina debe ser lisada por enzimas (activadores del plasminógeno) en un plazo de 3 a 5 días. Si la fibrinólisis se ve suprimida debido a isquemia o infección, los fibroblastos que sintetizan colágeno migran hacia la matriz de fibrina y proliferan vasos sanguíneos de nueva formación (neoangiogénesis). Se forma así una cicatriz densa y vascularizada.
Las adherencias provocan oclusión mecánica (obstrucción) и deformación de las trompas de Falopio, alterando la captación del óvulo por las fimbrias, lo que representa la causa principal de infertilidad tubo-peritoneal. La fijación rígida de los órganos limita su desplazamiento fisiológico durante el llenado de la vejiga o el intestino, lo que provoca dolor pélvico crónico y dispareunia profunda. En casos graves (síndrome de «pelvis congelada» o frozen pelvis), puede producirse una obstrucción intestinal por estrangulamiento.
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